El arco y la lira en XVI Festival de Música en Cartagena de Indias

por | Ene 5, 2022 | ¡Vamos!

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Por Carolina Conti

Con la evidente alegría del reencuentro, iniciamos ayer el Cartagena XVI Festival de Música, El color del sonido. El recorrido por la música de cámara del siglo XIX esta edición empezó en Austria y Alemania, países a los que estarán dedicados los dos primeros días del evento. Los compositores de esta región consolidaron el género de la música de cámara con el desarrollo de formas propias como el trío o el cuarteto (recordemos la edición dedicada a El estilo clásico en 2018) que marcaron un punto de referencia para la evolución particular del repertorio en diferentes países.

A lo largo del día pudimos apreciar un repertorio cuidadosamente escogido que nos mostró la variedad de la música de cámara de Felix Mendelssohn y Franz Schubert, dos compositores fundamentales que, como comentó el musicólogo Giovanni Bietti en la primera conferencia – concierto, tienen en común, no solo sus cortas vidas, sino una aproximación innovadora al repertorio de cámara.

En el hermoso escenario de la Capilla del Hotel Sofitel Santa Clara, decorado a la manera de un salón del siglo XIX, propicio para la intimidad de este repertorio, se inició la Serie Oro de Davivienda con el Dúo Tal & Groethuysen en la Obertura Las Hébridas de Mendelssohn en la versión para piano a cuatro manos realizada por el propio compositor, en la que evoca los impresionantes paisajes de las islas escocesas y la dramática Fantasía para piano a cuatro manos en fa menor D. 940 de Schubert, una magnífica interpretación, nítida, emotiva y llena de matices.

En seguida, la pianista Arianne Haering, el violinista Sebastian Gürtler, miembros del Ensamble Alban Berg de Viena, ofrecieron el Trío en re menor, op. 49 de Mendelssohn. Tengo que decir que, personalmente, la formación del trío me encanta por la variedad de colores que se pueden lograr en la combinación del piano con el violín y el violonchelo.

La sincronía y la complicidad entre los músicos se tradujo en una interpretación apasionada y de gran riqueza tímbrica que mantuvo al público emocionado hasta el final. El joven músico cartagenero Pablo Fonseca fue el encargado de pasar las páginas de la partitura a la pianista, un oficio que a veces pasa desapercibido pero que es fundamental en el éxito del concierto.

El encuentro en la tarde fue con la forma del cuarteto de cuerdas, referencia absoluta de la música de cámara. El Cuarteto Goldmund presentó inicialmente su versión de una de las joyas del repertorio de cámara de Franz Schubert: el Cuarteto de cuerdas n. 14 en re menor D. 810 “La muerte y la doncella” obra profunda y misteriosa que escuchamos en una interpretación impecable que, desde el unísono del inicio, nos abrió una dimensión dramática, apasionada y de increíble precisión técnica. (Los tambores tradicionales que se escucharon en algún momento desde la calle, no lograron desconcentrar a los intérpretes) A esta sobrecogedora obra le siguió otro ‘plato fuerte’, el doloroso Cuarteto de cuerdas en fa menor op 80 que Mendelssohn compuso más de dos décadas después de la obra de Schubert, tras la muerte de su hermana Fanny (otra muerte, otra doncella).

Se trata de una obra desesperada, dolorosa y al mismo tiempo llena de ternura y nostalgia. El concierto fue todo un tour de force para los magníficos intérpretes, en cuanto a perfección técnica, resistencia física e intensidad emocional ¡Bravo!.

El concierto de las 7:00 p.m. en el Teatro Adolfo Mejía nos trajo obras con ensambles más grandes. El Quinteto para clarinete y cuerdas en si bemol mayor D. 34 de Carl María von Weber, complementó el colorido camerístico de los países germanos con el aterciopelado sonido del clarinete interpretado por el talentoso clarinetista español Pablo Barragán y el Cuarteto Goldmund.

La destreza del clarinetista se hizo evidente en su interpretación, tanto en su dominio técnico, su impresionante manejo de las dinámicas y su expresión llena de gracia y sorpresa. La velada terminó con el Octeto en mi bemol mayor, op. 20 para el que unieron fuerzas el Cuarteto Hugo Wolf y el Cuarteto Goldmund en una interpretación de sonoridad sinfónica, tal como la obra requiere, que destacó, no solo por su técnica impecable sino por su expresión y sonoridad románticas.

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