close
Opinión

UN LUNAR EN TURISMO QUE HAY QUE EXTIRPAR EN CARTAGENA DE INDIAS

Por Eduardo García Martínez

 

A pesar de la aparición de otros muy buenos destinos en el país, Cartagena continúa siendo la ciudad preferida por los turistas nacionales y extranjeros para vacacionar. También sigue en los primeros lugares de las convenciones de todo tipo que se realizan en el país: economía y negocios, política, ciencia y tecnología, cultura, entretenimiento, medio ambiente, entre ellas.

Yni que decir de las bodas, en donde apareció un filón que ha sido inteligentemente utilizado por los profesionales del área, mientras las parejas que aquí se casan, sus familias y amigos,  tejen un recuerdo imborrable en sus mentes, tanto del acontecimiento como de la ciudad que los acoge con el mejor de sus afectos.

No es para menos, porque Cartagena tiene una magia especial que envuelve al visitante y lo convierte en un amante para siempre. Eso está ligado a sus múltiples encantos, su historia, su cultura, su centro histórico con sus casonas viejas, sus balcones, sus iglesias de siglos, sus callecitas apretadas, sus monumentos coloniales, sus islas, sus hoteles y restaurantes, su bahía, sus sitios de diversión, sus playas, su gastronomía.

La mayoría de los cartageneros y foráneos que se han establecido en la ciudad la quieren, respetan y defienden pero otros no lo hacen y con sus actitudes construyen una imagen que golpea al visitante y que, trascendiendo límite nacionales y fronteras, perjudican el destino.

 En las últimas semanas hemos asistido a una serie de hechos noticiosos que narran en detalle una serie de esas conductas inapropiadas que lastimosamente tienen como protagonistas a vendedores formales e informales que abusan del visitante imponiéndoles precios exorbitantes a los productos y servicios que ofrecen. Esa realidad  obligó a las autoridades a tomar medidas que debieron aplicarse desde hace mucho tiempo porque el fenómeno del abuso es cuento de vieja data. Se da en el centro colonial, en las playas del sector turístico de Bocagrande, Castillogrande, El laguito, en La Boquilla, en Playa Blanca, causando daños sensibles a la ciudad en su condición de destino de importancia en el gran Caribe.

En materia de transporte público hay que decir que algunos taxistas entran en la lista de quienes abusan al prestar sus servicios a usuarios que tiene la condición de turistas nacionales y extranjeros.

Si esta caótica situación no se revierte de manera pronta y eficaz, la ciudad seguirá teniendo un feo lunar en su piel, y terminará mucho más perjudicada de lo que ha sido hasta ahora. La imagen de los muchos visitantes que hoy afortunadamente tenemos, podría convertirse en un reflejo distorsionado hacia el futuro mediato, si mantenemos la permisibilidad y la falta de autoridad que nos ha caracterizado.

 

Show Buttons
Hide Buttons