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Opinión

TURISMO, LA VOCACIÓN MÁS ANHELADA DE CARTAGENA DE INDIAS

Por Eduardo García Martínez

Cartagena parecía tenerlo todo para volverse un destino turístico de importancia. Su caprichosa topografía que le regaló bahías, ciénagas, caños, islas y un cerro tutelar con un convento de siglos, su patrimonio monumental, su historia, su cultura, su estratégica ubicación en el Caribe colombiano con un mar tibio y atardeceres enloquecidos de colores, sí lo presagiaban.

La ciudad venía del pasado. Fundada en 1533 por el conquistador español Pedro de Heredia, pronto se convertiría en epicentro de comercio ultramarino entre el Imperio de España y las tierras recién descubiertas, ofreciendo abrigado puerto a embarcaciones y marinos, negociantes, militares, religiosos, contrabandistas, gobernantes, subordinados, potentados, desposeídos.

Su estratégica ubicación la convirtió también en uno de los puertos más importantes del Nuevo Mundo y su auge fue tal, que hubo necesidad de amurallarla y dotarla de defensas casi inexpugnables para defenderla de los ataques de piratas y corsarios que buscaban los tesoros que en ella se guardaban antes de embarcarlos rumbo a España. La sangre esclavizada quedó como huella imborrable en los entrehilos de la ciudad de piedra. Mil veces atacada, vencida o triunfante, la ciudad fue cincelando una historia que se convirtió en orgullo de la nación colombiana y que hoy le sirve como su mejor pergamino para presentarse ante el mundo.

Los inicios

Después de su independencia absoluta del reinado de España, de su incipiente libertad antes de caer en las garras despiadadas del “Pacificador” Pablo Morillo que la doblegó sin contemplaciones y la sumió en la miseria por casi un siglo, Cartagena comenzó a despertar de su letargo a finales del siglo XIX, y ya en las primeras décadas del XX se respiraba en ella un aire nuevo. Había que dejar atrás los olores enrarecidos de la insalubridad, dotarla de energía eléctrica y acueducto permanente, y extenderla más allá del recinto de piedra.

En 1911 la ciudad celebró sus primeros 100 años de independencia y entonces estrenó una serie de obras que se conservan, entre ellas el Camellón de los Mártires, el parque del Centenario y el teatro municipal,  que luego cambio su nombre por el de Pedro de Heredia para después tomar el del consagrado maestro de la música Adolfo Mejía, y convertirse en la Joya Arquitectónica y templo de las Artes de Cartagena.

En 1933 se cumplieron 400 años de la fundación de la ciudad y un año más tarde, en 1934, nació el Reinado Nacional de la Belleza, gracias a la visionaria iniciativa de Ernesto Carlos Martelo, que ya soñaba con una Cartagena para el turismo nacional y extranjero.

Después llegó el Festival Internacional de Cine de Cartagena, impulsado por el gran Víctor Nieto Núñez, evento que a lo largo de más de medio siglo de actividades logró difundir lo mejor de la ciudad en el país y el exterior y traer a su suelo a actores, directores, productores, periodistas especializados en el séptimo arte, quienes dieron brillo al festival y lo promocionaron en sus ciudades y países de origen. El festival sigue vigente, ahora en manos de una reconocida empresa de comunicaciones colombiana.

El primer hotel que se construyó para atender a los turistas que buscaban la ciudad para vacacionar fue el Caribe, que pronto se convirtió en un referente de Cartagena gracias a su lucida arquitectura, su amplitud, su arborización, sus servicios y la fina atención que lo ha caracterizado desde entonces. De hecho, fue por muchos años la sede del Concurso Nacional de Belleza y del Festival Internacional de Cine, y pese al transcurso del tiempo, continúa como uno de los hoteles más importantes de la ciudad.

A comienzos de la década de los años 80 del siglo XX se abrió al público el hotel Hilton, lo que dio comienzo a una época caracterizada por el interés creciente de firmas internacionales interesadas en construir y operar hoteles en Cartagena, que se abría paso entre los destinos turísticos más destacados en el gran Caribe.

En 1984 la UNESCO declaró a Cartagena Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, título que le imprimió nuevo vigor a la internacionalización de la ciudad. El Festival Internacional de Música del Caribe, que nació por aquellos años, contribuyó también a darle brillo a Cartagena en el mundo, ya que atrajo a bandas musicales en crecimiento artístico, periodistas y escritores especializados en música popular, así como artistas de cine que llegaron a disfrutar de una gran fiesta que invitaba al disfrute colectivo, entre ellos Robert de Niro.

La actualidad

En la actualidad Cartagena es un destino turístico consolidado y la llegada de visitantes es cada vez más creciente, por mar, aire o carretera. La conectividad aérea se vigoriza con la llegada de nuevas aerolíneas extranjeras en tanto los viajeros de cruceros, que se cuentan por cientos de miles en cada temporada, pueden llegar a bordo de sus naves o venir previamente a la ciudad para embarcarse.

En materia hotelera, gastronómica, portuaria, aeroportuaria, de convenciones, de inversiones relacionadas con el turismo, Cartagena vuela alto. Su condición de ciudad destino se consolida en el concierto internacional y, pese a situaciones que debe trabajar para superar obstáculos y ser mucho más competitiva, es un hecho que el camino andado es el correcto desde cuando descubrió su vocación más anhelada.

 

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