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Sin control

Por Eduardo García Martínez

Cuantos más turistas llegan a Cartagena de Indias más se evidencia el desorden, el abuso y la falta de autoridad en torno de este importante sector de la economía local.

Basta ir a las playas, el centro histórico, Bocagrande, La Boquilla, Playa Blanca, Cholón, para darse cuenta que el problema no solo crece sino que desborda toda imaginación.

En el sector amurallado la prostitución ya no se asoma solo cuando llega la noche o la madrugada sino que es evidente a cualquier hora. Una pasada por la Plaza de los Coches es suficiente para comprobarlo. Lo más grave, la explotación. sexual de niñas y adolescentes continúa a pesar de las campañas en contra y el compromiso de entidades y empresas para evitarlo, con programas como “La Muralla soy yo”.

El acoso a los visitantes en el mismo Centro Histórico es alarmante pero en las playas es peor. A finales de año y comienzos del 2020 los ruidos por fiestas en La Boquilla fueron enloquecedores y aunque se denunciaron siguieron como si nadie se hubiese quejado por ellos. Las denuncias por abuso en los precios de productos y servicios turísticos son permanentes pero el problema no se resuelve. 

Lo de Playa Blanca y Cholón es caso aparte. Estos dos hermosos lugares se convirtieron en tierra de nadie, donde el más vivo hace lo que le da la gana sin importarle que haya quejas o denuncias ante las autoridades. El descontrol es evidente, lo que ha permitido no solo abusos sino atropellos físico a los bañistas. El caso más grave y mediático fue el de una jóven barranquillera que murió atropellada por una lancha. Se han conocido otros episodios menos graves pero con heridos que han requerido atención en centros hospitalarios. Un caso aberrante se vivió cuando una lancha naufragó y sus ocupantes no fueron auxiliados sino robados por quienes llegaron momentos después del percance.


Las ciudades y sitios turísticos se ven afectados de diversas maneras por la avalancha de visitantes pero lo que viene ocurriendo en Caŕtagena parece salido de madre. Esto es delicado porque si persiste tal estado de cosas, más temprano que tarde se afectará la ciudad como destino.

Si no se ejerce la autoridad y la comunidad local tampoco toma conciencia sobre lo que es y representa el turismo, todo se echará por la borda. México ya lo vivió en Acapulco, donde el desorden, la informalidad y la falta de autoridad todo lo permitió hasta que la permisibilidad dio al traste con una ciudad que por década fue orgullo y estandarte turístico del país azteca. Simplemente se acabó como destino. Hoy, es un retrato arrugado de lo que fue en el pasado.

Al suelo

Como si fuera poco, se siguen cayendo balcones y partes de casas viejas y edificios en el Centro Histórico. Hoy se desprendió una balcón del edificio que ocupa el banco BBVA en la plaza de la Aduana, frente a la Alcaldía Mayor. causando graves daños en dos vehículos cuyos conductores se salvaron de milagro.
Muy cerca de ahí, una edificación colonial en cuyos bajos funcionó la taberna La Quemada, está que se cae. Ojalá no suceda porque podría ocasionar una tragedia. Ya es hora de que las autoridades intervengan para que los propietarios de dicho inmueble se comprometan a realizar los trabajos necesarios para quitar el peligro que ahora es evidente.

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