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Opinión

Regalo Invaluable

Eduardo García Martínez

A principios de 1967 el español Juan Manuel Zapatero vino a Cartagena para observar el estado de su patrimonio monumental y proponer su rehabilitación, por encontrarse en franco deterioro. Siendo el más reconocido experto en fortificaciones, se esperaba que sus recomendaciones fueran las mejores, como en efecto sucedió. Fruto de su observación en campo, las investigaciones en archivos y su acumulada experiencia de largos años, quedó la publicación de un libro: “Las fortificaciones de Cartagena de Indias”- Estudio asesor para su restauración-, obra que debería servir de guía a los profesores para enseñar la historia del patrimonio local, y estimular en los estudiantes el sentido de pertenencia. Algo indispensable para la formación de ciudadanos empoderados y orgullosos de su ciudad.

El libro, de acuerdo con su autor, fue escrito para orientar y recomendar los trabajos de recuperación artística de las fortificaciones de Cartagena de Indias, servir de base al proyecto de restauración y facilitar información preliminar para la rehabilitación museográfica, indispensable en el Plan de Atractivo Turístico.

Zapatero tuvo un destacado alumno en Cartagena, el arquitecto Augusto Martínez Segrera, quien se convirtió en uno de los restauradores más importantes del gran Caribe. Restauró murallas, baluartes, fuertes, castillos, casas, Iglesias, en Cartagena, Santa Marta, Venezuela, Cuba, Puerto Rico. Augusto fue además pintor, escultor, cerigrafista, profesor de arte, navegante, practicante Zen, viajero universal.  Dejó huella, pero Cartagena le está debiendo un merecido homenaje. 

El libro de Zapatero es una joya. Tenerlo, un privilegio. Soy privilegiado por partida doble, ya que me llegó como regalo de la manera más inesperada, desde Barranquilla, enviado por Carlos Balcázar Brande, empastado en rojo y con mi nombre estampado en la parte inferior, como su cabal propietario. Es uno de los ejemplares de la edición original impresa en los Talleres gráficos de Madrid en 1969.

En 1971 Margarita Jaramillo de De Castro lo había obsequiado al padre de mi amigo Carlos, destacado odontólogo barranquillero del mismo nombre, y medio siglo después su hijo me lo obsequia con esta leyenda: “Apreciado amigo. Durante 50 años guardé este libro esperando encontrar a la persona indicada, sé que en tus manos te ayudará a conocer más a tu amada Cartagena. Un abrazo”.

A Carlos Balcázar lo conocí cuando estudiábamos internos en el colegio de la Esperanza, aunque no lo veo hace muchos años. Desde cuándo, de nuevo, coincidimos en Medellín, él jugando béisbol y yo metido de cabeza en La Patota. Pero lee mis columnas en Puerto Colombia, donde vive, y quiso sorprenderme con este regalo invaluable, que le agradezco en el alma.

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