close
ActualidadOpinión

El teatro Adolfo Mejía, el arte y la cultura

Por Eduardo García Martínez

El teatro Adolfo Mejía, joya arquitectónica y templo de las artes de Cartagena, no requiere ser entregado a la empresa privada para que funcione a cabalidad, como parece insinuarlo el editorial de El Universal del 26 de diciembre. Simplemente debe contar con el suficiente apoyo financiero del Distrito, ser manejado de manera certera y transparente desde el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena IPCC, y mantener una veeduría comprometida y alejada de la politiquería. Su agenda, por lo demás, debe estar de acuerdo con los objetivos misionales de una entidad creada para promocionar y difundir las artes escénicas y visuales.

La alcaldía no ha estado a la altura de lo que requiere el teatro, lo ha dejado abandonado en sus necesidades más apremiantes y permitido que se mantenga con actividades completamente alejadas de sus reales compromisos con el arte y la cultura. Desde hace muchos años el teatro se sostiene mayormente de lo que pagan los eventos sociales como las bodas y eventos empresariales e institucionales de envergadura que se realizan en sus instalaciones, obligando a desmantelar la platea para convertirla en zona de comidas y fiestas, lo que afecta cada vez más la silletería y su hermosa y delicada celosía.

Los recursos que se obtienen por estos conceptos -el grueso de los ingresos- más otras entradas por realización de eventos socioculturales y artísticos, más de $1000 millones anuales en total, son manejados por el IPCC. De ahí se paga la nómina y los servicios públicos del teatro pero un considerable remanente no tiene especificidad que se conozca ¿Qué uso le da el IPCC a esos dineros? Nadie lo sabe. Y mientras tanto el teatro, que debería contar con todo lo que produce, navega en un mar de necesidades desde hace muchos años.

Monumento descuidado

El teatro fue construido en 1911 junto con otras obras que permanecen como el camellón de los Mártires y el parque del Centenario para conmemorar un siglo del Grito de Independencia, ocurrido el 11 de noviembre de 1811. Nació con el nombre de Teatro Municipal, el cual conservó hasta 1933 cuando se le cambió por el del fundador de la ciudad, Pedro de Heredia. Ahora lleva el nombre del gran músico nacido en Sincé – Sucre- Adolfo Mejía, quién vivió y murió en Cartagena dejando un gran legado artístico. Por su escenario pasaron durante décadas importantes artistas y compañías de teatro y zarzuela, hasta cuando su estructura se cansó de tanto uso y poco o nulo mantenimiento. En 1970, debido al deterioro, cerró sus puertas por casi 30 años. Fue restaurado de manera cuidadosa y se le devolvió su antiguo esplendor pero las mezquindades del sector público continuaron y de nuevo, deja escuchar su lamento. La alcaldía distrital no ha entendido su responsabilidad para con el teatro y el IPCC, su administrador, parece no verlo como el bien cultural que es y lo que significa como patrimonio de la ciudad.

La suerte del teatro está ligada al la forma como en Cartagena se valora el arte y la cultura: una especie de mal necesario. Es lamentable pero la realidad lo demuestra: el Museo de Arte Moderno sigue sin un peso y abierto de milagro y no se ha logrado que artistas como Luis Carlos López tengan después de su muerte un espacio para exponer su obra, mientras la casa de sus ancestros está convertida en locales de cachivaches. Ni que hablar del legado de Jorge Artel, sin un estante para colocarlo.

Los hacedores de cultura: gestores, cultores, creadores, artistas, se entregan a diario para expresar, manifestar y hacer nuevos aportes a la identidad de la ciudad pero sus esfuerzos no son valorados por las instituciones ni la empresa privada. Hay una subvaloración del significado del arte y la cultura y sus múltiples posibilidades de contribuir al desarrollo y el crecimiento integral de la ciudad. Esta lamentable realidad debe cambiar y el nuevo gobierno distrital en cabeza del alcalde William Dau puede hacerlo si compromete sus esfuerzos en generar cambios sustanciales en el ámbito de la cultura, que debe dejar de ser la eterna cenicienta. Solo así, el teatro Adolfo Mejía volvería a ser lo que fue en sus mejores años.

1 comentario

  1. Excelente escrito apreciado Eduardo, no conocía las cifras tan importantes que ingresan por concepto de los eventos que señalas. Valdría la pena reorganizar el teatro para garantizar su mantenimiento, realizar obras de interés y darle la mayor relevancia.

Comments are closed.

Show Buttons
Hide Buttons