MICHI: ÍCONO CON SAXO

por | Dic 17, 2021 | Cultura, Opinión

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Por Eduardo García Martínez

Una noche de fiesta en el hotel Cartagena Hilton Michi Sarmiento, ataviado con su pinta de mil colores, era invitado especial. Deleitó a todos con su saxofón encantado y al final de la velada coincidimos en las afueras de la imponente edificación. Él buscaba un taxi y yo tenía mi Renault 4 en el parqueadero y ofrecí llevarlo. Con su amplia sonrisa y el humor acostumbrado, me dijo al darme un abrazo:  “siempre hay un angelito por ahí escondido”. Hablamos todo el tiempo y en algún momento, cuando pasábamos por la torre del reloj, le pregunté lo que representaba para él su saxofón. De nuevo una sonrisa y la pícara respuesta que nunca había dicho a nadie. “Tengo años de dormir con mi saxo debajo de la almohada. Lo tengo más cerca de noche que a mi mujer”.

Era una explosión de sabrosura: hablando, riendo, bailando, pero por sobretodo, tocando su saxofón. A lo largo de seis decadas y un poquito más, no hizo otra cosa que componer canciones, arreglarlas, tocar instrumentos, vivir en el ambiente de la música. La llevaba en la sangre: su padre, Clímaco Sarmiento, otro grande artista del Caribe, le dejó un inmenso legado y él no solo lo recibió sino que le agregó muchas más páginas de grandeza musical, que tras su muerte, hace algunos días, comenzarán a ser valoradas en su real dimensión. También su madre, Clara Marimón, y su abuela, le dieron de beber las aguas del bullerengue, que disfrutaron con pasión y le dieron a él la oportunidad de gozar la vida desde las más recónditas sonoridades del arte popular.

Michi estudió música en Cartagena, fue pionero de la salsa en Colombia, estuvo en reconocidas bandas orquestales, brilló en grupo y en solitario, y fue insuperable con el saxofón durante décadas. Verdadero icono musical, llevó con dignidad el orgullo de su raza y le imprimió un sello particular al sonido cartagenero que deshebró al lado del Nene del Real y Hugo “Sabor” Alandete. Ejemplo de su genio creativo fue el arreglo que hizo a la canción cumbre de Joe Arroyo, Rebelión, un himno a la fuerza y resistencia de las negritudes.

Michi en acción musical, con el cantautor Boris García y el guitarrista Nelson Espinosa.

Curtido en los vericuetos de la calle, la noche, el embrujo de la madrugada y el arte de la amistad con complicidad, el Michi era también una figura emblemática de Cartagena ante el mundo. Con su saxo engalanó la fiesta, alegró el alma de la ciudad, le dio vida al cabaret en sus años mozos. La última vez que lo vi fue en la Plaza de los Coches antes de pandemia. Charlamos y eternizamos el momento con fotos junto al poeta Pedro Blas y Pellín, el hombre del Platanal de Bartolo. En esa conversación Michi recordó todos los lugares de rumba en los que tocó, en la cartagena de antes, y se entusiasmó al maximo al rememorar las tardes musicales que hacía en las playas del viejo Hotel Flamingo de Bocagrande.

Echó para atrás en los recuerdos y se vio en los primeros grupos que ayudó a forjar, brillando en los países a los que llegó y cuyo público igualmente conquistó con la magia de su saxo, su pandereta, su atuendo, su forma particular de interpretar la música, como lo aprendio de sus ancestros.

Michi tambien habló de sus largas noches en los burdeles de Tesca donde el amor fugaz se vivía con intensidad y la música en vivo abría campo a viejos y nuevos intérpretes y compositores cartageneros y costeños. Por aquellos tiempos Michí Sarmiento deslumbraba al público en las palaciegas estancia cabareteras del  barrio Chino y La Ceiba de Barranquilla, y los famosos Cabarets cartageneros como el Príncipe, el Lago Azul, el Rey Bar. Pellín escuchaba, reía, y daba golpecitos en la espalda al Michi mientras decía para todos:
¡Qué tiempos aquellos, muchachos,  qué bellos tiempos!

No fue todo porque escarbamos en las profundidades de la memoria para traer pasajes inolvidable del pasado al presente. Imposible olvidar cuando todos se volvían  paciencia para esperar al Michi en sus presentaciones en el Club Guanipa y para  verlo en lo más enloquecedor que estaba en el Club Libertad, donde se desbordaba toda la sabrosura de las barriadas. Bailes donde se lucía con orgullo la elegancia preñada del Caribe de aquél entonces, con caballeros de vestido entero y calzados “capricho” cubanos, y las mujeres con atuendos de medio paso o polleras amplias y floridas.

Aunque el frenesí más atronador sucedía los domingos en las playas del hotel Flamingo de Bocagrande, donde los bañistas se deleitaban con el Michí desatado en un solo de su sublime saxofonía con notas de su autoría y también interpretando lo del gran Ismael  “Maelo” Rivera. Daba gusto escuchar a los bañistas exigiendo al Michi en gritos de creciente alegría: ¡Michi, el Chivo de la campana! ¡Michi, la Maquino Landera! ¡Michi, con la Punta del Pie Teresa! ¡Michi, el de Tomasa! ¡Michi, el chongoló!

“Fueron tiempos inolvidables con la grata presencia del magistral arte musical de Michi Sarmiento”, dijo Pedro.

Por ahí se le metió la salsa a Michi en su cuerpo y en su alma, la hizo suya y la repartió bondadoso a todos aquellos que abrazaron los ritmos que venían desde las islas y que aquí se amalgamaron con los sonidos nuestros hasta crear un verdadero aquelarre musical.

Dije yo que Michi también se metió en la literatura como personaje musical, de la mano de Roberto Burgos Cantor en su novela El patio de los viejos perdidos, y en El viejo Borr era un cuento, de José Ramón Mercado. Burgos lo relata así: “El Michi que se rebusca sus sones en los compositores cubanos o de Puerto Rico o los inventa él…”. Y Mercado: “Recuerdo que a Borr le brillaban los ojos de la alegría y se le iluminaba el rostro con ese gozo infinito del ritmo de Michi estrellando la pandereta en la cabeza y llenando la sala con su saxofón barítono, claro y sonoro como un relámpago sobre el mar…”.

Lo digo con certeza porque así lo leí y lo publiqué en La Plaza en su edición  de junio de 2019, dedicada a quién fuera uno de los músicos más representativos de la cultura festiva de nuestro Caribe. Bajo el título “Michi Sarmiento” ¡El grande!, fue un sencillo homenaje de exaltación con escritos de Enrique Luis “Quique” Muñoz, Jairo Solano Alonso, Ramón Mercado Romero y Eduardo García Martínez.

Michi con el poeta Pedro Blas y Eduardo García Martinez, en la plaza de Los Coches de Cartagena.

Michi cerró la deliciosa conversación recordando la vez que Pedro y yo lo contratamos para un toque rápido en una lectura de poemas en la plaza de la Trinidad del barrio Getsemaní, sin tener un peso en el bolsillo. Él lo sabía, y cuando lo llamaron a la tarima cogió su saxo y antes de subir para presentarse ante el público expectante para un show inolvidable, nos recordó aquél pago improbable: “No lo olviden, saliendo el muerto, reventando el llanto”, dijo entre risas. Así era Michi, un ser vivaz, animoso, lleno de alegría, capaz de quitarle a cualquiera la tristeza con uno de sus lindos apuntes, labrados a cincel en las esquinas.

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