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Por Eduardo Eduardo García Martínez

En los últimos días el Caribe en general y Cartagena de Indias en particular llegaron con suficientes argumentos a la categoría de infierno. La sensación térmica sobrepasó los 40 grados centígrados y a pesar de estar acostumbrados a las altas temperaturas todos se consumen con el agobiante  calor y los problemas de tensión alta se han agudizado.

Los médicos recomiendan tomar  precauciones, entre ellas consumir líquidos en abundancia, abstenerse de hacer ejercicios a horas del mediodía, usar sombreros, gorras o sombrillas, caminar por la sombra y usar protección solar. En algunos hoteles de Cartagena de Indias con clientes nacionales e internacionales como el Santa Clara, ofrecen al lado de su piscina sus huéspedes un tropical y refrescante raspao para mitigar el impacto de las altas temperaturas – tal y como aparece en la gráfica.

Quienes utilizan las busetas sufren lo indecible, especialmente si van llenas y el reloj marca más de las 11:00 am porque el calor es asfixiante. Todos sudan y exigen al conductor que imprima más velocidad al vehículo confiando en que entre algo de brisa por las ventanas de vidrio.

Es en vano, una nata espesa se apodera de todos los espacios y no hay forma de procurarse un poco de aire fresco. En las calles, la gente anda de prisa buscando el alero de los balcones donde pueda haber sombra pero no hay manera de hacerle el quite al calor del mediodía que es más lacerante y despiadado. La ropa se pega al cuerpo como sanguijuelas y todos buscan las carretas con los cocos de agua para tratar de calmar el martirio y a esa hora ya muchos han vaciado las botellas de agua que llevaron de casa o compraron en las tiendas o supermercados.

“Esta vaina nos va a matar”, dice un hombre pasado de kilos en la esquina de las calles primera de Badillo y la Moneda, un segundo antes de pasarse con fuerza su pañuelo por la cara roja como un tomate. “Ni yo que estoy flaca lo soporto”, anota una vendedora de helados que lleva una pequeña caja de icopor sobre sus hombros y disfruta uno de sus helados sabor corozo.

En las bancas de madera del pequeño parque de los estudiantes, frente a la Universidad de Cartagena, ahora nadie se sienta porque el fogaje espanta y unos pasos más allá los tuchineros hacen su agosto vendiendo jugo de mandarina con hielo picado.

Los turistas, cachacos y extranjeros, no saben qué hacer para no dudar tanto y encontraron en las cafeterías del Centro Histórico el oasis perfecto para mantener a raya su presión arterial. “Cartagena es muy hermosa pero con este calor se sufre mucho. Menos mal que en la noche hay brisa y la cosa cambia”, dice un visitante argentino a quien acompañan varias jóvenes y unos niños que sudan sin parar.

En el parque de Bolívar los vendedores de raspao no dan abasto para atender a quienes les piden que los atiendan rápido. Algunos piden de cola con leche, otros de tamarindo, y muchos de limón, mientras buscan sombra de los altos árboles del parque. Por supuesto, nadie le hace caso al vendedor de peto que anda también por el parque con su olla hirviendo pero si me recuerda al fallecido periodista Alfredo Pernett Morales, quién decía siempre riendo que el peto es la versión caliente del raspao. (Fotos Cortesía Hotel Santa Clara – El Universal)

 

 

Tags : Cartagena de IndiasHotelesturistas
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