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Actualidad

Suplicio mayor

Por Eduardo García Martínez


La búsqueda de la aplicación de la vacuna contra el Covid-19 se ha convertido en un suplicio para los mayores de 60 años y hasta los 79, sometidos a un tortuoso proceso de inscripciones previas, sin planificación ni organización.

Muchos de los mayores de 80 años, a quienes les correspondió vacunarse después del personal de la salud, también padecieron en búsqueda del antígeno. Muchos de ellos se encuentran en condiciones de discapacidad. Muchas EPS y centros de salud no han sido eficientes y en ellos han brillado las incomodidades y la desinformación.


Fui testigo y sufrí en carne propia el desorden, como también unas cien personas que llegaron desde la madrugada de este martes 23 de marzo hasta la clínica Medihelp, en búsqueda de aplicarse o inscribirse para la vacuna. El día anterior había ido al hospital Naval, donde un militar remitió a un aviso colocado en la puerta de la oficina de ingreso al centro asistencial. Decía que no se vacunaría a menores de 80 año y se mostraban tres números de teléfonos en los que se podría recibir información. Todos, sin embargo, permanecen mudos, pues nadie los responde.


Lo acontecido en Medihelp fue grotesco. A un lado de la clínica se formaron dos filas, una para quienes serían vacunados y otra para inscribirse. Hasta las 7:00 de la mañana ningún empleado del centro medico había aparecido y en las filas había personas que llegaron a las 5:00 de la mañana. Después, una enfermera con lista en mano comenzó a llamar a quienes se aplicaría la vacuna. Sobre las inscripciones, todo era confusión y la fila seguía creciendo. Un vigilante dijo que se debía sacar una fotocopia de la cédula de ciudadanía para dejar en el puesto de inscripción, cuyo lugar seguía siendo un misterio. Muchos se fueron de manera apresurada hasta una droguería cercana donde sacaron las fotocopias. A las 7:30 am dijeron que las inscripciones se harían en el parqueadero de la clínica, situado a unos 70 metros del sitio donde estaban los desesperados adultos mayores. Los que podían hacerlo por sus condiciones físicas corrieron hacia allá, quienes tenían dificultades de movilidad lo hicieron poco a poco y de paso perdieron el puesto. En esas carreras uno de los mayores tropezó, cayó, se golpeó fuerte en la cabeza y debió ser atendido por algunos conocidos. Su esposa entró en pánico y también requirió ayuda.


Finalmente la fila volvió a coger cuerpo en la parte de afuera del parqueadero, pero al rato se dio la orden de hacerla al interior, donde el sol ya golpeaba fuerte. En esas apareció una empleada de la clínica y comenzó a inscribir a los presentes, sin pedirles la fotocopia de la cédula y con la promesa de llamar después para la vacunación.
Conclusión: casi todo lo que tiene que ver en nuestro medio con el tema de salud, deja mucho que desear.
Iindiasdigitsltravel.com recogió algunas voces de protesta, que acompañan esta nota.

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