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Actualidad

Por qué es necesaria una Secretaría de Turismo en Cartagena Indias

Por Eduardo García Martínez

Por largos años Cartagena de Indias ha estado en el peldaño más alto del sector turismo en Colombia pero ahora tiene competidores de peso en el nivel interno que le pisan los talones,  promoviéndose con base en atributos propios, invirtiendo en infraestructura hotelera y tecnología, cualificando su talento humano, ofreciendo servicios de calidad, entregando calidez, respeto y buen trato al visitante y privilegiando el orden y la planeación.

En el concierto del Gran Caribe esa competencia es mucho más cerrada por cuanto se destacan destinos ampliamente reconocidos y exitosamente promocionados como República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Jamaica, Aruba, Curazao. México, al norte de Centroamérica, es caso aparte porque ofrece un sinnúmero de destinos de incomparable belleza y recibe cada año más de 44 millones de visitantes internacionales, manteniendo una política turística claramente definida con soporte en el gobierno central y extendida al regional y local.

Cartagena ha brillado con luz propia por su historia de siglos, su monumentalidad que incluye el Centro Histórico con casonas, iglesias y edificios coloniales y republicanos, las murallas, fuertes y castillos; su mar cálido, su hermoso archipiélago, su amplia y acogedora bahía, el calor humano de su gente. Durante décadas la ciudad se fue labrando un nombre como destino turístico y los frutos han sido agridulces.

Hoy tenemos una ciudad vigorosa que se afianza en otra añeja de casi 500 años que le da lumbre y prestigio pero la postmoderna sigue patinando en su marcha hacia el futuro por no haber tenido planeación en su estructuración como destino y carecer de un ente rector que desde lo público definiera su política turística y ejerciera la autoridad.

Las consecuencias están a la vista: desorden, abusos, informalidad, acoso, prostitución, inseguridad, suciedad, en un momento en el que los flujos de visitantes internacionales han aumentado de manera significativa, la conectividad aérea se expande y el crucerismo amplía sus horizontes. Es la gran paradoja: el triunfo que lleva en su vientre la derrota.

El crecimiento

En los años 80 del siglo XX comenzó el crecimiento del sector turismo de la ciudad. Con la construcción del Hotel Cartagena Hilton y el Centro Internacional de Convenciones a principios de esa década, la ciudad abrió las puertas para la gran  inversión en infraestructura hotelera y la realización de eventos con participación de cientos y miles de personas.

Esa expansión llegó sin que se ampliara la capacidad de los servicios públicos de acueducto y alcantarillado, que colapsaron en el sector turístico provocando una crisis sanitaria ampliamente reseñada por los medios de comunicación nacionales que mostraban cómo las aguas servidas se regaban por las calles de Bocagrande. Comenzando la década del 90 se presentó en el Concejo Distrital un proyecto de acuerdo para limitar la altura de los edificios a cinco (5) pisos pero la iniciativa se ahogó ante la oposición del propio sector del turismo.

En lugar de tomar el toro por los cuernos, se le echó la culpa a los medios por divulgar lo que se consideró un ataque desmedido a la ciudad pero la realidad no podía ocultarse, había popó por todas partes. El límite de altura siguió creciendo no solo en el área turística. Cuando se abrió la zona norte para la construcción inmobiliaria, otro acuerdo del Concejo  limitó la altura a tres pisos y altillo entre la Bocana y el corregimiento de La Boquilla, lo que acogieron los propietarios del hotel Las Américas pero luego el alcalde de turno modificó ese acuerdo y aparecieron entonces los edificios de 20 y más pisos en ese sector.

Entre tanto, las playas se fueron llenando cada vez más de vendedores informales que acosaban  a los bañistas y se amparaban en la falta de normatividad para establecerse en cualquier parte. Ese problema hoy parece insoluble debido a que no se le prestó la atención a su debido tiempo.

Tierrabomba y Barú

Por diversas razones, entre ellas el problema de la tenencia de la tierra y su titularidad, el desarrollo de las islas de Tierrabomba y Barú no ha sido posible, con lo que Cartagena perdió otra oportunidad de oro para colocarse a la vanguardia de los grandes proyectos turísticos en América Latina y el Gran Caribe.

No solo se malograron ambiciosos proyectos que hubo para esos territorios hace varias décadas sino que se permitió la acumulación de factores adversos que ahora afloran por todas partes y especialmente en verdaderos paraísos como Playa Blanca y Cholón, donde el desorden, la informalidad, la insalubridad, el acoso y la falta de autoridad se impusieron con toda su carga de perturbación para un destino turístico de la importancia de Cartagena.

No se conoce de planeación para Tierrabomba por lo que los proyectos que ahí se han realizado y se piensan realizar son una especie de piezas sueltas que no obedecen a una política distrital de mediano y largo plazo. Las riquezas históricas de Tierrabomba, concretamente los bienes patrimoniales de Bocachica, siguen a la deriva, de espaldas a las posibilidades de convertirse en invaluable atractivo para el turismo nacional e internacional.

Barú sí tuvo maneras de desarrollarse de forma armónica ya que el Concejo de Cartagena aprobó el 25 de marzo de 1994 un proyecto de acuerdo de autoría del presidente de esa corporación entonces, Augusto Afanador Soto, por medio del cual se adoptó el Plan Maestro de Ordenamiento Físico para la isla de Barú y la Zona Norte de Cartagena. Era el Acuerdo 14 que definía los parámetros para la elaboración de los Planes de Desarrollo e Inversiones de los sectores que conformaban dichas zonas.

El acuerdo decía que  “en la elaboración de esos planes se concretarán las propuestas técnicas, específicamente los diseños viales, las redes de servicios públicos, el manejo de las zonas de riesgo y la ejecución de las obras de adecuación y protección de terrenos. Igualmente será un paso decisivo en la consolidación de la participación del sector privado, tanto en la elaboración de estudios como en la ejecución de obras”. Era tal el optimismo que en el documento se decía que “con este proceso de planeación el Concejo Distrital y la Administración de Cartagena han tomado una iniciativa que le permitirá a la ciudad entrar al siglo XXI enfrentando sus problemas con herramientas modernas, dinámicas y participativas” ¿Qué pasó entonces? ¿Por qué Barú no se desarrolló?

Secretaría de Turismo

La Corporación de Turismo de Cartagena de Indias ha jugado un papel muy importante en su labor de promoción de la ciudad, logrando atraer cada vez mayores flujos de visitantes nacionales e internacionales pero escapa de sus manos el ejercicio de la autoridad porque por ley no le corresponde. Los empresarios locales, nacionales  y extranjeros siguen invirtiendo sus capitales, las aerolíneas aportan a la conectividad, la industria de cruceros continúa mostrando su dinamismo trayendo turistas de todo el mundo, la gastronomía se diversifica y el sector turismo sigue generando empleo pero todos se perjudican con el desorden, la informalidad, la inseguridad, la falta de autoridad que se vive en la actualidad.

Ante tantas falencias, problemas y necesidad de mejorar en todos los aspectos, la creación de la Secretaría de Turismo de Cartagena de Indias no da espera. El tema debe ser debatido y nutrido con las mejores propuestas para que el ente que se apruebe ponga en marcha la política pública de turismo en el Distrito, ejerciendo la autoridad como corresponde con sujeción de ciudadanos, gremios, empresarios, prestadores de servicios y los propios turistas.

La ciudad necesita un cambio drástico en el manejo del turismo y si logra encajar esta actividad en los moldes requeridos tendrá mejores argumentos para convertirse en el destino que merece ser no solo en el Caribe sino en el ámbito global. 

 

 

Tags : CaribeCartagena de Indiascrucerismo
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